Emiliano Bruner

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Nació en Roma en 1972. Desde 2007 es Líder del Grupo de Investigación en Paleoneurology en el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana en Burgos, España.

Tiene un título universitario en Biología y Doctor en Biología Animal, ambos en la Universidad La Sapienza, Roma.Su carrera universitaria se orienta principalmente en zoología, pero la tesis experimental final fue en la ecología humana. El doctorado fue en paleoneurology humana, basada en la anatomía digital y morfometría computarizada. Tiene becas post-doc en paleoneurology y la anatomía humana. Ha colaborado y trabajado como curador de colecciones osteológicos en los museos de zoología y antropología. Es miembro y consejero del Instituto Italiano de Antropología, y Profesor Adjunto en Paleoneurology en el Center for Cognitive Arqueología de la Universidad de Colorado.

Toca la guitarra y estudia desde que tenía trece años. Le tocó el bajo en una escuela de jazz, un poco de piano, y luego entró en la música étnica con el didgeridoo y percusiones. Por último,  se encontró con las quenas andinas, y comenzó a tocar y estudiar flautas. Y ukelele. Juego popular, jazz, blues, bossa, y el tango. Y baila tango, donde sea.

¿Si en un futuro viviésemos de manera prolongada en el espacio, que partes del cerebro podrían experimentar un mayor desarrollo?

Nuestro cuerpo, con sus estructuras anatómicas y sus procesos fisiológicos, es el resultado de equilibrios muy delicados que han evolucionado a lo largo de millones de años para ajustarse a las características de nuestros ambientes. Y el ambiente más inclusivo es, por supuesto, el planeta Tierra. Nuestro planeta es como un ser vivo, con su química y sus fuerzas físicas. Todos los animales estamos adaptados a situaciones muy diferentes, pero las características del planeta han sido factores comunes para todos. Las características de nuestro planeta son tan especiales y tan determinantes para nuestra biología que es imposible pensar salir de ello suponiendo que nuestro organismo pueda acomodarse a cualquier mínimo cambio ajeno a los estándares terrestres. El estudio de los efectos que puede tener en nuestra especie un viaje en el espacio es el problema principal de quien trabaja en estos sectores. Lidiar con los problemas tecnológicos de las máquinas ya es muy difícil, pero lidiar con los problemas biológicos del ser humano es todavía más complicado. Primero porque el cuerpo humano es la máquina más compleja y a la vez más delicada. Todavía desconocemos muchos procesos que regulan nuestra biología, con lo cual tenemos una información muy incompleta para poder prever consecuencias. Segundo, porque el riesgo es importante, estando en juego las vidas de los astronautas. La ausencia de gravedad genera problemas en músculos y huesos, y por supuesto a todos los líquidos, incluso los del cerebro. Es probable que el aumento de la presión cerebral en ambientes con poca gravedad sea la causa de los problemas de visión sufridos por muchos astronautas: la presión de la cavidad craneal constriñe el nervio óptico, dañándolo temporal o permanentemente. La revista donde se publicó este artículo se llama Acta Astronautica. En general, es probable que todo el sistema sanguíneo pueda sufrir lesiones, y el cerebro es particularmente sensible a cualquier mínimo daño vascular. Hace poco en la revista Science Advances se publicó un artículo con el título ¿Qué ocurre a tu cerebro de camino a Marte? Los investigadores llamaban la atención sobre un problema bien serio: la exposición de las neuronas a los rayos cósmicos. Utilizaron ratones para ver qué le pasaba al cerebro cuando recibía una cantidad de rayos cósmicos comparable a la que se encuentra allí afuera, y los resultados no fueron agradables: las neuronas se dañan y pierden capacidad de conexión, hasta un nivel que puede afectar las capacidades cognitivas. Hace muchos años alguien propuso, considerando las nuevas esperanzas de viajes en el espacio, bautizar una nueva disciplina con el nombre de “Antropología espacial”, precisamente para considerar cómo nuestra biología y nuestra evolución se tenían que considerar a la hora de planear viajes y colonizaciones en otros planetas. Pero nuestros viajes en el espacio dependen estrictamente de nuestras capacidades tecnológicas, y no de nuestra biología. Nuestros cerebros no pueden lidiar con las características físicas y químicas del espacio. Entonces, si llegamos a poblar el espacio, la verdadera pregunta no será ¿qué pasará al cerebro en respuesta a este ambiente cósmico, sino ¿qué pasará al cerebro en respuesta a este impresionante desarrollo de nuestra tecnología?

Algunos blogs recomendados:

Antropológica Mente. http://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/80/posts

Paleoneurology. https://paleoneurology.wordpress.com/